Tal y como expresó John Ruskin, "la verdad es la raíz de todas las virtudes", aunque a veces hay que tener cuidado con el grado de sinceridad con el que vayamos. Hay verdades que pueden ser positivas, que pueden afianzar, que pueden hacer confiar. Pero, sin embargo, hay verdades que duelen, verdades que se vuelven en tu contra. La sinceridad implica confianza, afianzar una relación que poco a poco va a más.
Por el contrario, la sinceridad puede separar. La sinceridad extrema ha de ser cortada de raíz e ir poco a poco. No por ser más sincero desde un principio significa que una relación se vaya a unificar. Todo lo contrario. Esa sinceridad puede agobiar, distorsionar los planes existentes. La sinceridad es una "virtud" que no todo el mundo tiene, sinceridad mínima a la que hay que ir muy despacio. Dos palabras, dos palabras que pueden hacer confiar pero a la vez doler: "Te quiero". Hay que saber cuándo decirlo, hay que saber cuando es de verdad.
Es importante no confundir terminología, no confundir sinceridad con irrealidad. La sinceridad hay que demostrarla día a día, con acciones, con gestos, con miradas. Nunca hay que dejarse llevar por lo que creemos que en ese momento sentimos, y por consiguiente, verbalizamos lo que creemos que es más sincero. Hay que saber medir esa sinceridad, no darla totalmente desde un principio. Aunque las apariencias digan una cosa, siempre, en el fondo, seré todo lo contrario. Fui y seguiré siendo sincero, aunque esta vez, tendré que tener más cuidado. La sinceridad une, pero a la vez la sinceridad duele.
Se despide con un pequeño anhelo,
Freinett

No hay comentarios:
Publicar un comentario