lunes, 3 de junio de 2013

Entre espinas y aguijones

Es de noche, apenas ves tras esos pasadizos. Tan sólo la luz de la Luna te va iluminando para saber donde estás. Tú en contra de la naturaleza, tú en contra de tu destino. Luchas por conseguir desprenderte de ese sitio, pero te cuesta salir. Un pasillo da lugar a otro, y éste otro a otro a su vez. Es un ciclo que nunca termina. Comienza a faltar el aire, estás asustado. Por mucho que corras, por mucho que andes no ves solución de salida. Indagas en un callejón, pero desafortunadamente no tiene salida. Aún dándote la vuelta te ves envuelto entre cuatro paredes de hojarascas, árboles y arbustos. Ves que desde las yemas axilares de dichas hojas comienzan a brotar espinas y aguijones. Espinas que deberás afrontar por ti mismo si quieres salir de allí y encontrarte con tu siguiente destino. Aguijones que sabrás se te clavarán produciéndote un dolor que tardará un tiempo en curarse.

     Luchas en su contra, te das cuenta que tus brazos y tus dedos tienen arañazos acompañados de gotas de sangre que salen y brotan contra el suelo. Un calor estremecedor comienza en tu frente. Te tocas y te ves los dedos más rojos. Ese dolor es el precio que has de pagar para poder escapar de allí. Sales corriendo, dándote igual los brotes que vayan apareciendo. Sales desesperado, aguantando el dolor, no importando la sangre que pierdas. Lo único que te interesa es escapar. Escapar de esas espinas y de esos aguijones. Comienzas a ver una luz al final. Corres y corres pero al llegar notas que de nuevo te vuelves a encontrar entre esas cuatro paredes de hojarascas, árboles y arbustos del que tanto anhelabas salir.

Se despide con un pequeño anhelo,

Freinett


No hay comentarios:

Publicar un comentario